lunes, 8 de noviembre de 2021

Descubrimos una hortaliza sorprendente y adecuada para nuestra dieta

 

La superverdura que tiene más vitaminas que la lechuga y es más digestiva

Ya se cultivaba en el antiguo Egipto y en algunos lugares se ha llegado a utilizar como sucedáneo del café.




En España tenemos la mala costumbre de llamar lechuga a una multitud de vegetales como endibias, escarolas o achicorias. Parte de culpa lo tienen la concepción de ensalada que se tiene en este país, que resulta un revuelto de distintas hojas -de distinta forma y color- complementadas por otros alimentos como fruta, carnes o frutos secos.

Una de estas hojas de colores que se suelen identificar como lechuga, son en realidad hojas de achicoria roja o radicchio, una hortaliza de sabor amargo cuyo origen está en la Europa Mediterránea (en Italia, de hecho, cuentan con la Indicación Geográfica Protegida Radicchio Rosso di Treviso) y en Asia. Ya se cultivaba en el antiguo Egipto y en algunos lugares se ha llegado a utilizar como sucedáneo del café, dejando secar sus hojas, tostándolas y triturándolas para obtener un preparado amargo similar

En un principio, su característico amargor era una cualidad compartida con las lechugas, sólo que estás tras décadas de selección cultivar, lo perdieron. La achicoria roja se puede considerar un vegetal con efecto digestivo, gracias a su contenido en intibina, sustancia que se encuentra en otros alimentos de hoja verde como la endivia o la escarola, que tiene varios beneficios para el sistema digestivo.

Aliada del sistema digestivo

Esta sustancia es capaz de favorecer la secreción de bilis, algo que la convierte en una gran aliada para las personas con problemas en el hígado, la vesícula biliar o que padezcan de dispepsia, que se caracteriza por una sensación de ardor en el hemiabdomen superior, de forma recurrente.

Su consumo propicia digestiones ligeras y rápidas. Además, también es rica en fibra, que mejora la flora intestinal y ayuda a combatir el estreñimiento. Su fibra también contiene inulina en abundancia, componente al que se le atribuye efecto prebiótico. Tiene propiedades depurativas y diuréticas por su gran contenido en agua (90%).

También contiene mucha vitamina A, que protege la vista, mejora el aspecto del cabello y de la piel. Asimismo, este vegetal tiene bastante potasio -170 miligramos de cada 100 gramos- y minerales como magnesio y calcio -21 miligramos de cada 100 gramos.

Baja en calorías

Cada 100 gramos de achicoria roja, contienen 18 kilocalorías, por lo que son aptas en dietas para perder peso. Igualmente, "contiene otros elementos interesantes para la salud, como son los compuestos flavonoides que, por su acción antioxidante, tienen un efecto protector celular y preventivo frente a ciertas enfermedades degenerativas", explica a EL ESPAÑOL María Carmen Japaz, dietista y nutricionista.

Este alimento es ideal para las dietas de control de peso corporal por varios motivos, principalmente, según subraya la nutricionista. Aporta mucho volumen, lo que implica tener que masticar más para deglutir, lo cual le confiere un efecto saciante. Tiene también una importante cantidad de fibra dietética, fundamentalmente inulina; un sustrato ideal para las bacterias "buenas" que habitan en el intestino. Además, ayuda a controlar los niveles colesterol y glucosa en sangre, regulando el tránsito intestinal.

Incompatible con anticoagulantes

Este vegetal es rico en vitamina K, la vitamina fundamental para la coagulación sanguínea. "Por lo que los pacientes que toman anticoagulantes orales tienen que tener cuidado en no consumirla en exceso, al igual que el resto de alimentos ricos en esta vitamina", añade Japaz.

La vitamina K también es fundamental para regular los niveles de calcio en el organismo y por ello es clave para la salud de los huesos.

Antioxidantes

"Otro aspecto a destacar nutricionalmente es su contenido en antioxidantes como la luteína y la zeaxantina, que tienen la particularidad de actual a nivel ocular y ayuda a prevenir la degeneración macular asociada a la edad y las cataratas", detalla la nutricionista.

De igual modo, aporta otros antioxidantes y una importante cantidad de vitamina C, con lo cual contribuye a reforzar el sistema inmunológico y contrarrestar el estrés oxidativo y la inflamación celular.

FUENTE: https://www.elespanol.com/ciencia/nutricion/20211107/superverdura-vitaminas-lechuga-digestiva/624938406_0.html


lunes, 1 de noviembre de 2021

Es compatible comer fuera de casa y cuidar nuestra dieta

 

Trucos para salir a comer fuera sin descuidar la dieta




Actualmente, salir a comer o cenar fuera se ha convertido en una de las opciones de ocio más escogidas por las personas para llevar a cabo su vida social.

Además, cada vez hay más variedad de locales, como restaurantes y bares, que ofrecen todo tipo de gastronomía de cualquier parte del mundo.

Salir de vez en cuando a comer fuera no tiene porque interferir en nuestra dieta, pues darse un capricho de vez en cuando no es algo perjudicial. Sin embargo, hay personas que salen a comer fuera muy a menudo, y, a su vez, quieren mantener su dieta a raja tabla.

Estas personas deberán saber que no es lo mismo cocinar alimentos frescos y de manera sana en nuestra casa que comerlas en un restaurante, donde desconocemos su forma de cocinar, aunque hay diversos trucos que se pueden aplicar para comer lo más sano posible.

Además, actualmente hay muchos más locales que ofrecen opciones saludables para aquellos que no pueden ir a comer a casa cada día.

¿Qué debemos tener en cuenta para comer saludable en un restaurante?


Si vamos a un restaurante o bar a comer o cenar, debemos saber que, por lo general, las porciones suelen ser grandes, por lo que es importante considerar la cantidad de platos que pedimos en base a esas porciones y, si es necesario, preguntar al camarero para que nos indique el tamaño de un plato.

Por otro lado, para cuidar la dieta, es fundamental alejarse de los bufets libres donde se nos ofrece comer todo lo que queramos. Muchas veces es difícil controlar la tentación de comer mucho, sobre todo cuando tenemos tantas opciones delante, por ello es importante ir mentalizados.

Otro consejo es revisar el menú o la carta del establecimiento antes de ir, así podemos analizar las diferentes opciones e informarnos para escoger platos saludables.

Los expertos de Medline Plus, también aconsejan evitar salir a comer teniendo mucha hambre. En estas ocasiones, es mejor tomar un pequeño refrigerio en casa, como puede ser una pieza de fruta o un yogur, que pueda calmarnos un poco el apetito antes de salir.

Por último, es importante no tener vergüenza. Es decir, no importa preguntarle al camarero por las opciones más saludables y, a la hora de pedir, podemos preguntar si hay otras opciones de cocinar los alimentos que vamos a tomar, como puede ser al horno o al vapor en lugar de frito. Además, es importante pedir que las salsas vengan a parte de la comida.

Reglas fundamentales para salir a comer fuera


Cuando vamos a un restaurante a comer, también hay otros trucos en la elección de los alimentos que podemos tener en cuenta para así comer más saludable. Por ejemplo, podemos optar por:

  • Ensaladas con la salsa a parte.
  • Escoger verduras de guarnición.
  • Optar por alimentos asados a la parrilla, cocinados al vapor, a la brasa, hervidos o al horno.
  • Priorizar alimentos como pollo, pavo, marisco o carnes magras.

Aún así, de vez en cuando podemos darnos un capricho. Por tanto, una vez cada mucho tiempo podemos escoger:

  • Cualquier opción cremosa, frita, tostada, empanizada, batida o gratinada.
  • Salsas o sopas con mantequilla, crema o queso.
  • Condimentos cremosos en ensaladas.
  • Platos de cazuela, que suelen ser más calóricos, ya que acostumbran a llevar salsa.

Otros trucos que pueden funcionar para evitar caer en la tentación en los restaurantes es evitar comer inconscientemente alimentos, como bollos y panes, solo porque se encuentran en la mesa y los ponen a nuestra disposición. En ese caso, podemos pedir que los retiren.

También puede ser una buena opción compartir la comida con alguien o, cuando veamos que estamos llenos, pedirla para llevar.

Los nutricionistas también recomiendan pedir tamaño de almuerzo en lugar de tamaño de cena; pedir aperitivos saludables en lugar de un plato fuerte; comenzar la comida con una ensalada o una sopa a base de caldo como aperitivo; beber abundante agua, té sin azúcar, bebidas de dieta o leche descremada; reducir el consumo de refrescos o alcohol; y omitir el postre o compartirlo entre dos o más personas.

FUENTE: https://www.mundodeportivo.com/vidae/nutricion/20211023/1001703399/trucos-salir-comer-fuera-sin-descuidar-dieta-act-pau.html

lunes, 25 de octubre de 2021

Ideas erróneas de la clásica gastronomía española

 

Cinco platos tradicionales de España que creías que eran sanos y no lo son: éste es el porqué

Aunque la comida de nuestros abuelos tiene fama de ser más saludables, muchos de esos platos tradicionales son perjudiciales para el corazón.





Es habitual creer que la comida tradicional, como ha venido siendo igual durante décadas e incluso siglos, es saludable. Si nos remontamos atrás en el tiempo, a épocas en las que los hombres trabajaban en el campo o eran trashumantes, la esperanza rondaba los 35 años. Algo que no parece una buena señal sobre las recetas de aquella época, indicando que quizás tampoco eran ideales para gozar de buena salud a largo plazo.

Estos platos, guisos en su mayoría, combinaciones de carne con carne o carne con harina, "son bombas calóricas diseñadas para luego irse a arar el campo, no para sentarte otro par de horas delante del ordenador", explica a EL ESPAÑOL María del Mar Silva, nutricionista licenciada también en Farmacia, especialista en nutrición clínica.

Son platos con mucha carne y grasa animal, que sabiéndolo integrar en una dieta ajustada a los desempeños actuales o alterando la receta original, no tienen porqué ser malos para la salud.

Cocido


Por ejemplo, en el caso del cocido, los garbanzos son equilibrados, pero las grandes cantidades de carne roja que contiene, no. Como remedio, se puede espaciar su consumo, utilizándolo como receta para festividades o cuando se reúne la familia pocas veces al año. "Otra opción es hacer un cocido sin carne y para conseguir un regusto similar, añadirle pimentón", señala Silva.

También se puede sustituir la carne roja por carnes más magras, evitar comer el caldo, que es donde se concentra la mayor cantidad de grasa. Esta adaptación de lo tradicional es algo que ya se lleva haciendo años en Latinoamérica, donde han sabido adaptar recetas añadiendo la porción de vegetales y minimizando la de carnes. Resultando ser platos menos calóricos, pero con la base de una receta tradicional.

"Hay que entender que por mucho que nos gusten y nos recuerden a nuestra infancia; además del hecho de que durante años no se han asociado a problemas de salud o un aumento el colesterol; el estilo de vida que llevamos con falta de sueño y de ejercicio y consumo de procesados, no resultan equilibrados", destaca Silva.

Fabada


Al igual que el cocido, la fabada contiene elementos como las alubias, que son perfectos para tener una dieta equilibrada, sólo que en la receta original vienen acompañados de carne, chorizo y panceta. Para darle una vuelta y poder disfrutar de su sabor de manera más habitual sin poner en riesgo la salud, puedes elaborar su versión vegetariana con alubias blancas, calabaza y patata. También puedes sustituir la carne roja por otras más magras como el pollo.

Cachopo


Combinar carne con carne, todo empanado y frito, qué podría salir mal. Para el paladar nada, pero para el corazón y las arterias, todo. El cachopo despierta pasiones y está idolatrado en prácticamente todas las comunidades autónomas, no solo la que le vio nacer, Asturias. Tiene varias variantes, pero básicamente son dos filetes de ternera, entre los que descansa jamón y queso, todo empanado y frito. No es una bomba calórica, es que casi lo tiene que llevar al plato el Enola Gay.

Es como una versión masiva del san jacobo que, por cada 100 gramos, contienen 229 kilocalorías, 5,18 gramos de grasa (3,4 gramos de grasa saturada), 14,77 gramos de carbohidratos, 18,24 gramos de proteína y 1,28 gramos de sal. El peso de un cachopo oscila entre los 500 y los 1.000 gramos. Además, al estar frito, se vincula a un mayor riesgo de sufrir sobrepeso y patologías cardiovasculares.

Los peligros del cachopo no se quedan aquí, entre sus sabrosas aristas se esconde la acrilamida, sustancia química que se forma cuando alimentos que tienen almidón son sometidos a altas temperaturas. Esta sustancia se relaciona con varias enfermedades como distintos cánceres, alteraciones del sistema nervioso e incluso afecta a la fertilidad masculina.

Hacer una versión saludable es complicado, aunque Chicote lo intentó con su cachopollouna receta en la que sustituye los filetes de ternera por unos de pollo. Aunque al llevar queso, jamón y fritura, queda casi en una intención lo de saludable. Lo mejor sería espaciar su consumo.

Morcilla


Este embutido elaborado a partir de sangre cocida, mezclada con grasa de cerdo, cebolla y arroz, tiene una gran cantidad de grasa. Es un bocado muy energético que debería de consumirse de forma esporádica, ya que las 450 kilocalorías que se encuentran en solo 100 gramos de morcilla, en su mayoría proceden de las grasas. Es rica en ácidos grasos saturados que terminan convirtiéndose en colesterol malo; aumentando el riesgo de sufrir un accidente cardiovascular.

No todo va a ser malo, también es rica en proteínas similares a las de la carne, minerales esenciales como selenio y hierro, mucho hierro, procedente de la sangre cocida. En concreto, 100 gramos de morcilla cubren más del 100% de las ingestas recomendadas de hierro para hombres y el 78% para mujeres.

Encontrar una adaptación saludable es imposible, porque si la morcilla no lleva grasa y sangre, no es morcilla. Así que, en el caso de este alimento tradicional, lo mejor será espaciar bastante su consumo.

Migas manchegas


A pesar de su nombre, estamos ante otro plato considerado como bomba calórica. Estas migas, que de inocentes no tienen nada, están empapadas con la grasa de la panceta y el chorizo que componen el plato, pero vamos por partes.

En primer lugar, el pan puede ser una buena fuente de fibra e hidratos, el problema son las compañías. El pimiento choricero no tiene peros, da color y sabor al plato, aporta fibra, vitaminas, antioxidantes y minerales. No contiene nada de grasa, por lo que no suma al aporte calórico del conjunto.

Además, las migas suelen rehogarse con aceite de oliva, un alimento que mejora la salud cardiovascular, además de aportar vitamina E y antioxidantes. Sin embargo, a todos estos buenos propósitos alimenticios se les une panceta y chorizo, dos amigos inseparables si después de la comida uno se va a faenar el campo, pero que como señalaba Silva, con los hábitos de vida actuales, no tienen sentido. Su grasa aumenta el colesterol del malo, y encima tienen un alto contenido en sal, algo nada recomendado para cuidar el corazón y las arterias.

Una forma de adaptación sería sustituir la panceta y el chorizo por jamón serrano y el pan por coliflor en trozos y algo machacada. 

FUENTE: https://www.elespanol.com/ciencia/nutricion/20211018/platos-tradicionales-espana-creias-sanos-no/619689128_0.html

lunes, 18 de octubre de 2021

Es fundamental saber qué pan nos perjudica más en nuestra dieta

 

Esta es la variedad de pan que más engorda: elimínala de tu dieta para siempre

El pan es un alimento básico pero no todo el pan es igual. Hay variedades, como el plan blanco, que se elaboran con harina refinada compuesta mayoritariamente por almidón que, al contacto con la saliva, se transforma rápidamente en azúcar.




Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos el pan está presente en todas nuestras comidas. Si no empezamos el día con una tostada, seguramente tomaremos después un bocadillo o acompañaremos la comida y/o la cena con un trozo. El pan está muy presente en la dieta diaria de las personas que viven en España. Sin embargo, en los últimos años muchos expertos han empezado a desaconsejar este alimento.

¿Cómo es posible que sea malo un producto de toda la vida? No todos los panes nos perjudican, pero es cierto que la gran mayoría de los que encontramos no nos hacen ningún bien. Esto se debe a que están elaborados con harinas refinadas. Es decir, que la harina con la que se han cocinado estos panes procede de un trigo al que se le ha quitado el salvado. Aunque pueda parecer una tontería, esto marca la diferencia.

A simple vista un pan elaborado con la harina completa es más oscuro que el pan blanco que resulta de las harinas refinadas. Eso sí, no siempre el color es una prueba determinante de que el tipo de harina que se ha empleado contiene todas las partes del trigo. Lo que debemos hacer es comprobar que el pan que compramos se comercializa como integral. Esto garantiza que la harina con la que está hecha contiene ese salvado.

Harinas refinadas

Pero, ¿por qué es mejor este pan que el blanco que comemos todos los días? Los carbohidratos del pan de harinas refinadas se simplifican a gran velocidad en nuestro sistema digestivo. De hecho, Miguel Ángel Martínez-González, epidemiólogo de la Universidad de Navarra y autor del libro Salud a ciencia cierta explica que, prácticamente, el pan blanco se convierte en azúcar al contacto con nuestra saliva.

Si bien todos sabemos que reducir el azúcar de nuestra dieta para mejorar nuestra salud, muchos de nosotros ignoramos que lo estamos tomando indirectamente a través de otros productos. Este es el caso del pan blanco. Después de tomarlo, sus carbohidratos se convierten rápidamente en glucosa y, de la misma manera, esta sustancia es absorbida por el torrente sanguíneo en un período muy corto de tiempo.

Para estabilizar el nivel de glucosa en sangre, el páncreas debe producir una buena cantidad de insulina. Esto resulta un esfuerzo importante para este órgano que puede tener consecuencias a la larga: o bien puede pasar que el páncreas deje de fabricar la insulina necesaria, o bien nuestras células pueden volverse resistentes a esta hormona. En estos dos casos, manifestaremos diabetes. Los alimentos que elevan mucho los niveles de azúcar en poco tiempo —los de alto índice glucémico—, además, favorecen el sobrepeso.

Más que pan

Tanto las barras de pan, como los picos, las regañás o cualquier otro producto hecho a base de pan blanco tiene este efecto. Cambiar a los panes integrales es especialmente importante si no hacemos mucho deporte en nuestro día a día. Sin embargo, estos panes sólo contienen harina de trigo, agua, levadura y sal. Existe en el supermercado otro tipo de pan muy habitual que engorda esta lista de ingredientes con creces.

El producto básico de tostadas y sándwiches, el pan de molde, es una de las peores opciones que podemos echar a nuestra cesta. La gran mayoría de ellos están elaborados con las mismas harinas refinadas que el pan normal: de ahí su inmaculado color blanco. Por tanto, podemos esperar que tengan también un alto índice glucémico: todos, salvo aquellos que se elaboran con un 100% de harinas integrales.

Sin embargo, los panes de molde se guardan otro problema y es que para elaborarse necesitan más ingredientes que el pan de barra y no son, precisamente, saludables. Una gran parte de ellos contienen azúcares añadidos, pero también grasas vegetales que suelen ser de peor calidad que el de oliva. Además, contienen varios aditivos que, si bien son seguros, sobrecarga de ingredientes convierte a este producto en un ultraprocesado. Es decir, un producto relacionado con el sobrepeso e, incluso, con una mayor mortalidad, tal y como se explica en este artículo de EL ESPAÑOL.

FUENTE: https://www.elespanol.com/ciencia/nutricion/variedad-pan-mas-engorda-eliminala-dieta-para-siempre-seo/592442016_0.html


lunes, 11 de octubre de 2021

Adelgazar no es tarea fácil...¿cuáles son las razones?

 

¿Por qué es tan difícil adelgazar?

  • A. Victoria de Andrés Fernández
  • The Conversartion*



Seguro que usted, querido lector, ha sufrido en algún momento (si no lo está experimentando ahora mismo) la tortura que supone quitarse de encima los kilos que le sobran. Es una decisión recurrente que la mayoría de los mortales tomamos con una periodicidad, comúnmente, anual.

  • Suele coincidir con la primavera avanzada, cuando comprobamos ante el espejo lo descaradamente mal que nos sienta ese traje de baño que, tan solo el verano pasado, tan graciosamente resaltaba nuestra silueta.

    Asumiendo que siempre existe la opción de ponerse el mundo por montera y lanzarse a alabar al que inventó sumar "X" en las tallas, usted decide ser responsable, disciplinado, saludable, riguroso consigo mismo y… apostar por el suplicio.

    Porque, dejémonos de historias, adelgazar es un calvario. Especialmente cuando hace muchos años que le abandonó su portentoso metabolismo juvenil. Pero, ¿por qué esto es así? ¿Por qué es tan fácil y grato engordar y tan penoso y esclavo adelgazar?

    Pues la respuesta es sencilla. El tejido adiposo (el que se expande y crece sin piedad formando los odiosos michelines) es un maravilloso invento evolutivo que Gollum, si no fuera porque está en los huesos, habría considerado, sin dudar, mi tesooooro.

  • ¿De dónde surgen las 'llantas'?



  • El denominador común a toda forma de vida es el instinto de supervivencia. Esto se resume, por decirlo rápido, en los instintos de reproducción (para la supervivencia de la especie), y de mantenimiento de las constantes vitales (homeostasis) y alimentación (para la supervivencia del individuo).

    En principio, la comida nos aporta dos cosas:

    • Materia prima para el crecimiento, reparación de tejidos y síntesis de biomoléculas necesarias para la realización de las funciones vitales.
    • Energía química para mantener en marcha eficientemente la máquina biológica que es nuestro cuerpo. Esto incluye todo lo que subyace bajo el paraguas metabólico: el trabajo químico, osmótico, eléctrico y mecánico interno. A lo que se suma el trabajo externo de locomoción y comunicación y, como somos animales homeotermos, la generación de calorías necesarias para mantener una temperatura constante que no dependa de la del medio externo. Toda esta energía se genera, básicamente, oxidando carbohidratos, lípidos (grasas) y proteínas y obteniendo adenosín trifosfato (ATP), la moneda energética biológica por antonomasia.

    Cuando el balance energético está descompensado (esto es, cuando la energía requerida para todo lo anterior es sobrepasada con las calorías encerradas en un exceso de alimentos ingeridos), almacenamos la energía sobrante.

    Y aquí está el quid de la cuestión.

    Almacenar el ATP como tal es inviable fisiológicamente. Hay que recurrir a acumular energía en forma de potencial redox de biomoléculas que nos permitan, en un momento dado, obtener el ATP de ellas oxidándolas (es decir, quemándolas).



  • En principio, de las tres candidatas que tenemos (carbohidratos, lípidos y prótidos), la forma de almacenamiento de energía más eficaz es la grasa, ya que su oxidación genera 9,56 Kcal/g, casi el doble de lo que rinde un gramo de carbohidratos o proteínas.

  • A ello hay que sumar el hecho de que las proteínas contienen nitrógeno, el elemento más limitante en el crecimiento y la reproducción, por lo que sería un derroche imperdonable el emplearlo como vulgar reserva energética.

    Por su parte, los abundantes carbohidratos sí que podrían emplearse como sustrato de almacenaje. De hecho, el glucógeno (un polisacárido parecido al almidón) se almacena en el hígado y en las fibras musculares. Pero, ¡oh problema!, se almacena de forma hidratada (4-5 g agua/g carbohidrato) lo que genera dos lastres: volumen y peso. La grasa, por el contrario, se almacena de forma anhidra (sin agua) ocupando un volumen mucho menor.

    Consecuentemente, la grasa (coloquialmente chicha, molla o manteca) es el sistema perfecto de almacenar los excedentes: requiere poco espacio y rinde mucho energéticamente.

    Hemos encontrado la piedra filosofal de la despensa biológica.

    Aunque parezca mentira, este sensacional descubrimiento biológico no es nuevo. Por el contrario, se trata de un mecanismo muy conservativo en la filogenia que ya está presente en los organismos unicelulares. Pero mientras que bacterias y protozoos almacenan la grasa en orgánulos intracelulares conocidos como cuerpos lipídicos, los animales multicelulares desarrollaron células especializadas para albergarla.

    No obstante, el desarrollo de un tejido adiposo, especializado en contener la grasa (en forma de triglicéridos) en células diferenciadas (los adipocitos), aparece solo en vertebrados (y no en todos: los tiburones, por ejemplo, no tienen).



  • El tejido adiposo: ¡qué gran invento!

    El tejido adiposo de los vertebrados ha aportado una novedad evolutiva que reúne posibilidades muy interesantes:

    • Funciona como una despensa especializada donde guardar, de manera ordenada y en el interior de los adipocitos, las reservas energéticas. Cuando se necesitan, las lipasas liberan los ácidos grasos de los triglicéridos, que entran en beta oxidación generando el solicitado ATP.
    • Esta alacena es extensible, es decir, su volumen puede crecer paralelamente al input energético y, así, aprovechar las vacas gordas de una afortunada y coyuntural disponibilidad de alimento en la naturaleza (circunstancia poco frecuente).
    • Se puede ubicar prácticamente por todo el cuerpo; de hecho, a veces tenemos la sensación de que nos salen roscas hasta en el alma.
    • El potencial adaptativo de este tejido se ha rentabilizado de una manera muy polivalente. Así, y además de actuar como aislante térmico, amortiguador mecánico y generador de calor en su variante de grasa parda (fundamental para la supervivencia de los mamíferos que hibernan), se sabe que interviene en una variedad asombrosa de funciones. De hecho, los adipocitos segregan moléculas implicadas en la homeostasis energética, la fisiología de la insulina e, incluso, en funciones inmuno-endocrinas. Todo esto sin mencionar curiosas funciones puntuales que se dan en algunos animales, como los machos de las lampreas, que utilizan los adipocitos para calentarse (literalmente) ante el encuentro con una hembra madura.
    • El componente placentero



    • La existencia de un tejido así, que no sólo actúa pasivamente como almacenamiento energético sino que aumenta activamente la eficacia biológica de las especies, es algo que no ha pasado desapercibido evolutivamente.

      Muy al contrario, se han seleccionado mecanismos que favorecen su desarrollo (engordar) en detrimento de los que harían más fácil su merma (adelgazar).

      Tanto es así que los genes implicados en la capacidad de conservar los triglicéridos están presentes en taxones tan basales como las levaduras.

      Por otra parte, se sabe que en el comportamiento ingestivo influyen conexiones hipotalámicas con el sistema corticolímbico y el rombencéfalo.

      Lo que, grosso modo y hablando en plata, significa que la selección natural nos ha procurado que el comer sea una importante fuente hedónica y de placer.

      Cuando luchamos contra los kilos todas las armas son pocas: luchamos contra mecanismos bioquímicos, fisiológicos y conductuales que nuestra naturaleza ha seleccionado a lo largo de millones de años para asegurarnos la supervivencia.

      Y como la evolución no es finalista, ni sigue ningún guión, no previó la aparición de una especie como Homo sapiens que, considerando insuficientes estas garantías biológicas de suministro energético, las amplió con supermercados en cada esquina, gin-tonics con tónicas premium y helados de nueces de macadamia.

      Así no hay manera…

      *A. Victoria de Andrés Fernández es profesora titular en el Departamento de Biología Animal, Universidad de Málaga. Su artículo original fue publicado en The Conversation que puedes leer aquí.

    • FUENTE: https://www.bbc.com/mundo/noticias-57467609