lunes, 3 de mayo de 2021

Lo contraproducente del ayuno como método para adelgazar

 


El error de saltarse comidas para adelgazar: lo que le hace a la barriga el ayuno intermitente

La acumulación de grasa abdominal es una respuesta evolutiva ante la hambruna, y ayunar para reducirla puede tener el efecto contrario.


Cada vez más personas en España optan por el patrón alimentario denominado ayuno intermitente con el objetivo de reducir algunos kilos de más.  Especialmente, para eliminar la molesta barriga que puede llegar a formarse con el paso de los años.

Aunque no ha demostrado ser superior a otras formas de restricción calórica, el ayuno intermitente sigue gozando de gran popularidad cuando se busca adelgazar. Sin embargo, y según un nuevo trabajo de la Universidad de Sidney, las cosas no serían tan fáciles: la localización de la grasa corporal es importante, y algunas acumulaciones son más difíciles de perder según la zona.

Y es que, según el nuevo trabajo publicado en Cell Reportsno sería tan fácil eliminar tejido graso de los depósitos de grasa visceral (alrededor de los órganos) que de grasa subcutánea (debajo de la piel). En el primer caso, un exceso de grasa visceral se ha relacionado con una peor salud metabólica, mientras que la grasa subcutánea se asocia con una mejor salud.

Según el Dr. Mark Larance y sus colegas, del Centro Charles Perkins y la Facultad de Ciencias de la Vida y el Medio ambiente de la Universidad de Sidney, la grasa visceral, culpable de la formación de las típicas barrigas de los seres humanos, entraría en un "modo de conservación", adaptándose y resistiendo al ayuno intermitente y a la pérdida de peso. Al menos, en ratones.

En este caso, Larance y sus colegas analizaron los cambios en los diferentes tejidos grasos y en las diferentes localizaciones corporales de los roedores cuando se realizaba ayuno cada dos días, consumiéndo alimento en días alternos.

Según sus hallazgos, tanto la grasa visceral como la grasa subcutánea experimentarían cambios significativos como respuesta al ayuno. Sin embargo, toda la grasa corporal no es igual, y tampoco se comportaría de la misma manera. En teoría, el tejido graso proporciona energía al cuerpo liberando ácidos grasos al torrente sanguíneo, pero en este caso se pudo comprobar que la grasa visceral se volvía resistente a dicha liberación. 

Además, tanto la grasa visceral como la subcutánea aumentarían su capacidad para almacenar energía en forma de grasa, dando lugar a una rápida reconstrucción de los depósitos grasos antes del siguiente periodo de ayuno. Es decir, "se adaptarían" a la situación, siendo más eficientes si cabe y produciendo un rápido 'efecto rebote'.

Cómo se acumula la grasa

Aunque serán necesarias más investigaciones para descubrir por mediante qué mecanismos se produce la resistencia de la grasa visceral, y qué tipos de dieta e intervenciones serían los mejores para reducir los depósitos del abdomen, en este trabajo sí se pudieron vislumbrar algunos cambios.

Se llegaron a examinar más de 8.500 proteínas de los depósitos de grasa abdominal gracias a una técnica llamada proteómica, creando así un catálogo de cambios asociados al ayuno intermitente.

La proteómica, o el estudio de las proteínas, se basa en monitorizar los cambios que se producen en las proteínas en determinadas condiciones. En este caso, daría una imagen más completa del funcionamiento interno del tejido graso durante la carestía de alimentos.


Gracias a estos cambios, los investigadores han podido analizar los principales cambios celulares causados por el ayuno intermitente, y finalmente objetivar el mecanismo de conservación que ejerce la grasa visceral.

Sin embargo, tanto Larance como sus colegas hacen hincapié en algunas limitaciones del estudio: aunque la fisiología de los ratones es similar en parte a la de los seres humanos, se deberían realizar estudios en estos últimos para poder extrapolar realmente los resultados.

Así mismo, en este caso se realizó un ayuno cada dos días, y existen otros tipos de ayuno intermitente más populares, como es el caso del 16:8, ayunos de solo 24 h puntuales a la semana, o el conocido como 5:2, donde se ayunan dos de cada siete días.

Aún así, los investigadores sugieren que su trabajo sentaría las bases de estudios futuros, donde se podría analizar qué moleculas son las responsables de la resistencia de la grasa visceral tras el ayuno, y determinar que plan dietético funcionaría mejor.

FUENTE: https://www.elespanol.com/ciencia/nutricion/20210305/error-saltarse-comidas-adelgazar-barriga-ayuno-intermitente/562695262_0.html


domingo, 25 de abril de 2021

Los cambios en nuestro cuerpo cuando adelgazamos

 

Todo lo que le ocurre a tu cuerpo cuando adelgazas




Bajar de peso es la obsesión de muchos. Para conseguir este propósito, algunos lo intentan con dietas. En cambio, otros apuestan por el ejercicio. Pero, ¿a dónde va a parar el peso que perdemos cuando adelgazamos?

La pregunta no es sencilla, pero hay una explicación. En primer lugar hay que tener en cuenta algo muy importante y es que perder peso no significa lo mismo que perder grasa. Dicho esto, cuando se adelgaza el cuerpo sufre un descenso en uno o en más de uno de sus almacenes corporales, que no tiene por qué ser uno de los depósitos de grasa. De modo que cuando se adelgaza el cuerpo usa la grasa, u otro sustrato, para generar la energía que necesita el cuerpo para mantener sus funciones vitales en función de la intensidad que se requiera.


El agua, el principal motivo

Si has escuchado decir que estamos hechos de agua estás en lo cierto. Un 60% del organismo, aproximadamente, está compuesto por agua, y precisamente el agua condiciona el peso corporal. Por ello el estado de hidratación es una de las primeras razones que condiciona el peso.




La masa muscular condiciona

La masa muscular también condiciona el peso de cada persona. El peso de una persona puede aumentar si crece su masa muscular, del mismo modo que si pierde masa, bajará de peso; aunque la pérdida de masa muscular no es muy saludable. Por ello es importante tener un buen nivel de proteínas en el organismo.



La grasa, el almacén de la energía

La tercera gran causa de ganar o perder peso es la grasa del cuerpo, y es el principal motivo para querer adelgazar. No obstante, es importante tener en cuenta que almacenar compartimentos de grasa en el organismo, a un nivel óptimo según cada persona, es importante para el organismo ya que el cuerpo la utiliza como energía para sobrevivir cuando se hace dieta, por ejemplo, y el cuerpo no obtiene toda la energía que necesita.

Otro motivo por el cual se puede bajar el peso es en el caso de que se consuma una mínima cantidad de calorías. Esto provocaría que los minerales del cuerpo disminuyeran y se bajara levemente de peso. Una pérdida leve pero perjudicial para la salud, ya que podría ser muy peligroso para los huesos.


El 1% tan importante

A pesar de que se estima los almacenes de glucógeno representan solo el 1% del peso del cuerpo, este pude conllevar cambios significativos en el peso y de forma muy inmediata. El motivo es que van asociados a una gran cantidad de agua. Cuando se hace dieta, por ejemplo, y no se recompensan los niveles de glucógeno del organismo es cuando se produce una gran pérdida de peso, aunque se recupera en el momento en que se rellenan los almacenes de glucógeno, y el agua asociada.



FUENTE: https://www.mundodeportivo.com/vidae/salud/20210416/493224732288/todo-lo-que-ocurre-al-cuerpo-cuando-adelgazas-act-pau.html


domingo, 18 de abril de 2021

Presentamos las verduras mejores que la lechuga

 


La lechuga está sobrevalorada: cuatro verduras que son más nutritivas que la reina de las ensaladas

La lechuga es un alimento casi obligatorio cuando hacemos la compra en el supermercado, pero, a pesar de su fama, no es la mejor hoja con la que podemos elaborar una ensalada verde.




Más allá de la lechuga

La ensalada verde es uno de los platos que más comemos en España. Se trata de una buena opción para una cena, pero también como una guarnición: cuando la añadimos a las principales comidas nos acercamos un poco más al objetivo de basar nuestra dieta en alimentos vegetales. El ingrediente fundamental de esta ensalada siempre ha sido la lechuga, pero existen otras opciones que son más interesantes. 

Es muy probable que más de una vez hayas sentido hambre tras una ensalada ligera de lechuga y alguna otra verdura. Según la Fundación Española de Nutrición (FEN), más del 95% de la composición de la lechuga es agua y, por eso, llena poco. Los nutrientes que importan para la salud sólo ocupan un escaso 5% en el que hay poca fibra, pocos hidratos de carbono y proteínas.

Si estás buscando incluir más nutrientes saludables en tu dieta, es una buena idea combinar la lechuga con otras verduras o, incluso, sustituirla por una de estas. El libro Comer bien es fácil si sabes cómo (Planeta, 2021) incluye en uno de sus capítulos cuatro opciones mejores que la lechuga para hacer una ensalada, entre otros muchos consejos útiles para mejorar la manera en la que comemos.



La rúcula

Aunque durante años se ha considerado como una mala hierba, la rúcula es ahora mismo un ingrediente muy valorado para hacer ensaladas, pero también otros platos como la pizza. Mientras que la lechuga apenas aporta sabor, la rúcula pone una nota amarga poco frecuente en otras hojas y que gusta a muchos.

La rúcula, además, posee una mayor cantidad de nutrientes y, concretamente, tiene el doble de ácido fólico del que posee la lechuga. Se trata de una sustancia importante en todos los grupos de población, pero especialmente en las embarazadas por su papel en la formación de nuevas células. Esta hoja contiene, también, pocas calorías.



Las espinacas

Por mucho que fuera el plato favorito de Popeye y la razón de su vigor, las espinacas han protagonizado las pesadillas de un buen número de españoles cuando eran pequeños. Esta hoja, que muchas veces aparece cocida, también se puede tomar cruda como parte de una ensalada y aportar una mayor cantidad de nutrientes a la receta.

Si bien es cierto que la espinaca también tiene una proporción muy alta de agua, es más nutritiva que la lechuga: en concreto, el 10% de la espinaca está formada por nutrientes. La espinaca destaca porque contiene el triple de hierro que la lechuga, pero también una cantidad superior de fibra.



El brócoli

Los beneficios del brócoli para la salud son mundialmente conocidos, pero sigue siendo un alimento poco popular. Incorporarlo en una ensalada puede cambiar la perspectiva que tenemos sobre él, aunque a priori parezca raro encontrarlo en esta receta. Sin embargo, comer el brócoli crudo es perfectamente posible.

Comparado con la lechuga, el brócoli contiene siete veces más vitamina C, una sustancia que pierde beneficios en la salud cuando se somete a una cocción. De todas formas, el brócoli está considerado como una fuente de proteínas vegetales, tiene una buena cantidad de fibra y, también, de minerales y vitaminas como el potasio y el ácido fólico.



Los canónigos

Otro de los brotes más conocidos dentro de los mix de hojas para hacer ensaladas son los canónigos. Estas pequeñas hojas se parecen mucho a la lechuga en cuanto a su composición nutricional: tienen un alto contenido de agua, fibra y otros de sus principales nutrientes. Sin embargo, aun así siguen siendo una mejor opción.

Aunque los canónigos se vean verdes, contienen un pigmento rojizo que se disimula por estar combinado con la clorofila. Este compuesto es el que aporta a esta hoja una gran cantidad de carotenoides: los canónigos tienen once veces más cantidad de vitamina A de la que tiene la lechuga de toda la vida.


FUENTE: https://www.elespanol.com/ciencia/nutricion/20210223/lechuga-sobrevalorada-verduras-nutritivas-reina-ensaladas/560973913_3.html#img_5


lunes, 12 de abril de 2021

El azúcar impregna todo tipo de alimentos. Conoce dónde se esconde

 



Los 8 azúcares más extraños y escondidos que nos 'cuelan' en la comida

Con más de 260 formulaciones distintas para el azúcar añadido en los productos procesados, detectarlos al leer la etiqueta es un reto para el consumidor.





Hábitos 'sanos' que no lo son

Por su aspecto, Marco podría haber sido el típo muchachote de instituto en una serie estadounidense: corpulento y deportista, dedicaba varias horas todos los días al béisbol por lo que, excluyendo algo de sobrepeso, podría haber pasado por el epítome de la salud adolescente. Por dentro, la situación era muy distinta: cuando lo trataron, los doctores Michael Goran y Emily Ventura de la Universidad de California descubrieron que había desarrollado hígado graso, una gravísima enfermedad hepática. El motivo: los 100 gramos diarios de azúcar que ingería en forma de zumos, refrescos y bebidas isotónicas que creía que necesitaba para su actividad física.

El caso del joven californiano ilustra el drama de la obesidad infantil en occidente: solo EEUU adelanta a España en este mal epidémico, en el que el azúcar cumple un triste papel protagonista. Los españoles consumen una media de 111,2 gramos de azúcar al día, una cantidad que cuadriplica los 25 gramos que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS); los estadounidenses alcanzan el paquete y medio de azúcar a la semana, en producto ultraprocesados que muchas veces no sospechan que lo llevan.

El caso de Marco es paradigmático, porque los efectos del azúcar son más graves en las edades más tempranas, y hay azúcares añadidos peores que otros. La fructosa de las bebidas a las que era adicto es especialmente dañina para los intestinos y el hígado: se convierte "directamente en grasa" al alcanzar las vísceras, según explican Goran y Ventura en el libro que ahora publican para educar en habítos saludables, Stop Azúcar (Grijalbo). 




Azúcares, siropes, néctares y jugos

Para el consumidor que trata de informarse del contenido de azúcar del producto que quiere adquirir, la cantidad puede ser "abrumadora", advierten los autores: hay más de ochenta productos usados comúnmente como edulcorantes, desde el almíbar al zumo de frutas pasando por toda una gama de azúcares, jarabes o siropes y néctares. Otros tienen nombres técnicos que hacen difícil discernir que se trata de azúcares.

La Fundación para Erradicar la Obesidad Infantil, según citan, elabora una lista con las denominaciones comerciales de los azúcares añadidos a los productos: hay más de 260, y la lista sigue creciendo. Para no perderse, Goran y Ventura proponen clasificarlos en 4 grandes grupos: 1) Sacarosa y los azúcares que se basan en ella; 2) Glucosa y los azúcares que se basan en ella; 3) Fructosa y los azúcares que se basan en ella; y 4) Edulcorantes bajos en calorías. 

La sacarosa engoba los azúcares más comunes, del blanco al moreno, mientras que el caso de Marco ilustra los peligros de la fructosa. Resta la glucosa, el azúcar "más difícil de ver" según los autores: si esta molécula propia de los almidones es indispensable para el funcionamiento del organismo, cuando se extrae para usarla como azúcar añadido provoca los mismos daños que los demás. Estás son las formas insospechadas en las que podemos encontrarla. 




Dextrosa

La dextrosa se obtiene del maíz y "desde el punto de vista químico, es idéntica a la glucosa". Es la principal fuente de azúcar de la popular bebida deportiva Gatorade, así como de otros productos energéticos.




Maltosa

También llamado 'azucar de malta', está compuesta por "dos moléculas de glucosa conectadas una a la otra". Se encuentra de forma natural en cereales fermentados y en frutas y verduras como el boniato; como edulcorante, aparece en productos de cereales, caramelos y dulces preparados. La maltotritosa es otra versión compuesta por tres moléculas.




Trehalosa

También puede aparecer como 'tremalosa' o 'micosa', explican Goran y Ventura, y consiste en la unión de dos moléculas de glucosa de forma diferente. Se encuentra en los helados y otros congelados, y vuelve al consumidor vulnerable a las infecciones por la bacteria C. difficile, que se alimenta de ella. 




Maltodextrina

Es, strictu sensu, un almidón extraído del trigo o el máiz en lugar de azúcar sin más, constituido por una cadena de "tres a diecisiete moléculas de glucosa". Los autores lo incluyen en la lista porque se liberan en el cuerpo de una forma igual de rápida y perniciosa. Se usa más como espesante que como edulcorante, precisan, en productos como salsas y condimentos.




Dextrina

Se trata del mismo producto que la maltodrextina, con una cadena de 20 moléculas de glucosa unidas que se descomponen muy rápidamente durante la digestión. Se encuentra también como espesante en productos como la leche en polvo.




Jarabe de maíz

Es difícil de distinguir de otro tipo de jarabe de maíz que es rico en fructosa y supone uno de los edulcorantes más perjudiciales para la salud. Pero del maíz también se extrae un jarabe que es "100% glucosa concentrada" a partir de su triturado y reducción a almidón. 




Jarabe de arroz y de arroz integral

Se obtiene cociendo el arroz, añadiendo enzimas para descomponer el almidón ("maltosa, maltotriosa y algo de glucosa") y reduciendo el líquido a jarabe. Se usa "cada vez más" en productos deportivos y para bebé ya que aparentan ser más sanos que otros azúcares, pero el pico de glucosa que provocan solo es recomendable para acompañar una actividad física que implique un elevado gasto energético.




Jarabe de malta de cebada

Es más difícil de encontrar porque no es un jarabe particularmente dulce: por su aspecto, explican los doctores, recuerda a la melaza, y pos su sabor, a la malta.


FUENTE: https://www.elespanol.com/ciencia/nutricion/20210221/azucares-extranos-escondidos-cuelan-comida/560223977_3.html#img_10