lunes, 23 de marzo de 2020

La mente es una gran aliada para ayudarnos a adelgazar


Un truco que sí sirve para adelgazar: pensar en lo que hacemos

El autocontrol de hábitos funciona y no roba tanto tiempo como se cree

El autocontrol de la dieta se percibe como cansado y lento, pero lleva mucho menos tiempo de lo que se piensa. IAN THOMAS JANSEN-LONNQUIST
Muchos somos víctimas del llamado “sesgo optimista”, también conocido como “sesgo de beneficio positivo”. En el ámbito de la salud, dicho sesgo es el que nos predispone a valorar nuestros hábitos de vida, o nuestro riesgo de enfermar, de una forma desmesuradamente positiva y en absoluto realista. Es famoso el estudio coordinado por Patrick Peretti‐Wate en el que el 44% de los fumadores consideró que el riesgo de sufrir cáncer comenzaba al fumar más cigarrillos que los que ellos consumían. La ciencia, no obstante, es unánime al respecto: el riesgo de cáncer aumenta con cada calada. En nutrición ocurre, por desgracia, algo similar. Sucede con el alcohol (no somos conscientes de que nuestro consumo de alcohol es arriesgado), sucede con nuestra dieta (comemos peor de lo que creemos) y sucede con el exceso de peso: la mayor parte de personas con obesidad cree que tiene normopeso. Tampoco valoramos bien el peso de nuestros hijos: mientras que los padres de niños con obesidad tienden a creer que sus hijos son musculosos, lo que presentan es obesidad.
En este contexto, toda estrategia que contribuya a quitarnos la venda de los ojos debe ser bienvenida. Una de tales estrategias, en adultos sin trastornos del comportamiento alimentario, recibe el nombre de “autocontrol”. Aparece recomendada en los consensos de obesidad y cuenta con numerosas pruebas de eficacia a sus espaldas. La más reciente, recién publicada en la revista Obesity, ha constatado que el mero hecho de anotar de forma rutinaria nuestro peso, lo que comemos y el ejercicio que realizamos resulta útil para perder peso. Es el llamado “empoderamiento dietético”, que nos obliga a ser conscientes de que somos más sedentarios, de que comemos peor y de que pesamos más de lo que creemos. O, dicho con otras palabras, a pensar en nuestros hábitos y en nuestra salud.
La investigación revela que basta con invertir unos minutos al día en el autocontrol para conseguir adelgazar. La pérdida de peso no es milagrosa, pero sí es significativa y relevante
El estudio, coordinado por Jean Harvey, es particularmente interesante porque además de confirmar la utilidad este enfoque (“la adherencia al autocontrol predice el éxito de la pérdida de peso”), desmiente una creencia muy extendida en la población: que el autocontrol requiere una gran inversión de tiempo. Su investigación revela que basta con invertir unos minutos al día en el autocontrol para conseguir adelgazar. La pérdida de peso no es milagrosa, pero sí es estadísticamente significativa y clínicamente relevante. También ha observado que a medida que pasa el tiempo nos volvemos más eficientes e invertimos menos tiempo en el autocontrol: al cabo de seis meses, los voluntarios consumían tan solo quince minutos anotando sus hábitos, aproximadamente la mitad de lo invertido al inicio del estudio. Un detalle importante es la constatación de que quien anotaba lo que comía justo después de hacerlo, unas tres veces al día, fue quien más peso perdió (más del 10% del peso inicial). De ahí su consejo “anótalo cuando lo muerdas” (“write it when you bite it”).

Pese a que en este trabajo se solicitó a los participantes con exceso de peso que anotaran sus hábitos en un programa informático (para que los investigadores pudieran evaluar la frecuencia y el tiempo invertido en ello), los autores no se olvidan de recordar que “las pruebas científicas sugieren que la precisión y la integridad de los diarios de autocontrol no son tan importantes como la frecuencia con la que se completan”. Es decir, es suficiente un control informal, pero frecuente, de: lo que comemos, del tamaño de la ración de nuestras comidas, de nuestro peso y de nuestra actividad física. En palabras de Harvey: “Es algo altamente efectivo y no es tan duro como la gente piensa”. Y es que todos tenemos a mano un papel y un bolígrafo.
No todos tenemos a mano, sin embargo, la estrategia más eficaz para perder peso: el seguimiento estrecho por un dietista-nutricionista. No podemos obviar en el estudio de Harvey y colaboradores que durante los seis meses de seguimiento, los voluntarios participaban en una sesión online semanal con un nutricionista. Recordemos que la Academia de Nutrición y Dietética, establece el número de visitas en un mínimo de 14 encuentros con un nutricionista durante un período de al menos seis meses si el objetivo es adelgazar.
Sea como sea, sí podemos concluir que al consejo de realizar un mínimo de 30 minutos al día de actividad física (de moderada a vigorosa) podemos añadir otro más: dedique 15 minutos al día, si debe perder peso, a anotar sus hábitos. Mucho mejor, desde luego, si cuenta con el asesoramiento de un dietista-nutricionista.
Julio Basulto (@JulioBasulto_DN) es un Dietista-Nutricionista que intenta convencer al mundo de que comer mal no se compensa con una zanahoria. También imparte conferencias, ejerce como docente en varias instituciones académicas, colabora con diferentes medios de comunicación y es autor de numerosas publicaciones científicas y divulgativas (www.juliobasulto.com).
NUTRIR CON CIENCIA es una sección sobre alimentación basada en evidencias científicas y en el conocimiento contrastado por especialistas. Comer es mucho más que un placer y una necesidad: la dieta y los hábitos alimenticios son ahora mismo el factor de salud pública que más puede ayudarnos a prevenir numerosas enfermedades, desde muchos tipos de cáncer hasta la diabetes. Un equipo de dietistas-nutricionistas nos ayudará a conocer mejor la importancia de la alimentación y a derribar, gracias a la ciencia, los mitos que nos llevan a comer mal.

martes, 10 de marzo de 2020

Obesidad y sexualidad femenina


¿Cómo afecta la obesidad a la sexualidad de la mujer?     

Mujer con obesidad en una consulta
                Los complejos derivados de la obesidad generan miedos e inseguridades.  
          
El impacto de la obesidad en la sexualidad de la mujer depende de muchas variables: el grado de obesidad o sobrepeso, las enfermedades asociadas al exceso de peso, la edad, los cambios hormonales, la llegada de la menopausia y el componente emocional, tal y como indica Pluvio Coronado, jefe del Instituto de la Mujer del Hospital Clínico San Carlos de Madrid. “En general, la mujer obesa tiene menos relaciones sexuales y esto puede deberse al exceso de estrógenos derivados de la obesidad porque producen una disminución de la progesterona, la realmente responsable del deseo sexual”, explica Coronado.

En cambio, las mujeres con obesidad que padecen el síndrome del ovario poliquístico “sí pueden experimentar un incremento de la libido porque los niveles de hormonas masculinas son mayores”, matiza Coronado. Entonces, ¿el exceso de peso aumenta o reduce el deseo sexual? Este ginecólogo insiste en que “depende de distintos factores y en función de cada persona las hormonas puede incrementar o disminuir las ganas de tener relaciones”.

Con respecto al impacto de la obesidad en el sistema endocrino y su reflejo en la sexualidad, Assumpta Caixàs, endocrina y coordinadora del área Obesidad de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), apunta que “son más frecuentes las menstruaciones irregulares, los periodos son más largos y con menos sangrado, lo que se llama oliogomenorrea”. Estas alteraciones en el ciclo hacen que “el pico de estrógenos durante la fase preovulatoria, que coincide con un mayor apetito sexual, no se de en el caso de las mujeres con exceso de peso porque la ovulación no se produce de forma regular”, añade.

Enfermedades asociadas a la obesidad y su impacto en la sexualidad 

Según Coronado, esta patología “lleva consigo un aumento de las infecciones vaginales por hongos, una alteración de la circulación del clítoris que reduce la excitación”. Esto afecta “mucho más a los hombres diabéticos porque puede incluso dificultar o imposibilitar la erección”, destaca.
“Al igual que la diabetes, está asociada a la disfunción sexual tanto por la propia enfermedad como por algunos medicamentos que se utilizan, sobre todo, los antihipertensivos”, menciona Caixàs.

Problemas cardiovasculares

“La excitación necesita que los vasos sanguíneos se dilaten y que las glándulas segreguen una serie de sustancias que actúan como lubricante para facilitar la penetración. Por ello, si hay alteraciones en el sistema vascular la excitación no se va a producir”, detalla Coronado.
En relación con el punto anterior, este especialista subraya que “si la mujer es fumadora se reduce el riego sanguíneo lo que, de nuevo, repercute en la vascularización de clítoris”.

Dismorfofobia

Con independencia de la libido de la mujer obesa, la distorsión de su imagen puede dar lugar a que no quiera mantener relaciones sexuales por el miedo a desnudarse delante de otra persona. “El hecho de no verse con un cuerpo potencialmente atractivo según los estereotipos generales afecta a la sexualidad femenina”, considera Caixàs.

¿Cómo influye la baja autoestima en el sexo? 

Según la coordinadora de la SEEN, “algunos aspectos psicológicos derivados de la obesidad y el sobrepeso pueden provocar falta de apetito sexual o inseguridades que lleven al rechazo de las relaciones sexuales”. Además, estos sentimientos tiene su impacto fuera de la cama porque “se generan dudas del tipo ¿se enamorará mi pareja de otra chica más delgada?, ¿le haré daño si me siento encima?, ¿huelen mal los pliegues de la piel?, ¿podré tener hijos?”, enumera.

Y en el caso del sobrepeso, ¿cómo influye en la sexualidad de la mujer? Ambos expertos coinciden en que los problemas son similares a originados por la obesidad, aunque el incremento del peso está ligado a unas mayores consecuencias negativas en el plano sexual.

Consejos para evitar los problemas sexuales derivados de la obesidad 

  • Control del peso. Como es lógico, lo más importante es “tratar la obesidad de forma global con las distintas opciones terapéuticas: una dieta equilibrada, practicar ejercicio físico, utilización de fármacos o cirugía bariátrica”, resume Caixàs. En este punto, Coronado incide en que “la obesidad es una enfermedad muy grave que debe tratarse no sólo por las disfunciones sexuales asociadas”.
     
  • Apoyo psicológico. La baja autoestima, la depresión y otras patologías relacionadas con el aspecto físico tienen que ser resueltas por el profesional adecuado, según Caixàs.
     
  • Una visión global del sexo. Coronado aconseja “vivir la sexualidad con más matices porque el sexo no es sólo el coito, incluye la fantasía, el romanticismo y el erotismo, todo aquello que supone la estimulación del cerebro”.  



martes, 25 de febrero de 2020

¿Qué son las dietas cualitativas?



“Las dietas cualitativas han demostrado una pérdida de peso mayor y sobre todo sostenible en el tiempo”

                                 
¿Qué son las dietas cualitativas? ¿Por qué funcionan mejor para perder peso que las dietas restrictivas? La dietista-nutricionista Diana A. Díaz Rizzolo, profesora colaboradora del Máster Universitario en Nutrición y Salud de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC e investigadora en diabetes y obesidad en el Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer lo explica en esta entrevista.

El manejo y control de la obesidad es complejo y debe ser abordado de forma multifactorial. La nutrición es un pilar fundamental para su control y el tipo de alimentación es una pieza imprescindible para lograrlo. De todas las dietas, las cualitativas están resultando ser muy efectivas para la pérdida de peso. Pero ¿en qué consisten?¿Por qué son más efectivas que las restrictivas? Hemos entrevistado a la dietista-nutricionista Diana A. Díaz Rizzolo, profesora colaboradora del Máster Universitario en Nutrición y Salud de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC e investigadora en diabetes y obesidad en el Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer, quién impartió este mes el Healthy Workshop: Modificación de patrones dietéticos para la prevención de la obesidad y a diabetes tipo 2, organizado por los Estudios de Ciencias de la Salud.

Y esto es lo que nos ha contado…

¿Qué son las dietas cualitativas?
Cuando en vez de centrar nuestro foco en las calorías (kcal), lo enfocamos en mejorar la calidad de los alimentos que consumimos, la dieta deja de ser restrictiva y pasa a ser una dieta cualitativa. Disminuir la densidad calórica a través de evitar el consumo de alimentos ultraprocesados, facilitar las cocciones o utilizar alimentos naturales y no precocinados, por ejemplo, son algunas de las estrategias de las dietas cualitativas. 
¿Cuáles son las principales dietas cualitativas? 
Las dietas cualitativas más conocidas son: la dieta mediterránea, la dieta DASH, las dietas vegetarianas o veganas y la dieta paleo o paleolítica. Todas, a excepción de la dieta paleo por falta de estudios rigurosos pendientes de realizar, han demostrado una pérdida de peso mayor y sobre todo sostenible en el tiempo, ya que inducen en el sujeto un cambio de estilo de vida en vez de un régimen estricto.

«Las dietas cualitativas más conocidas son: la dieta mediterránea, la dieta DASH, las dietas vegetarianas o veganas y la dieta paleo»


¿Por qué las dietas con modificaciones cualitativas son más efectivas para la pérdida de peso que las dietas restrictivas?
Es importante tener en cuenta que el proceso de alimentación de los humanos no es exclusivamente un acto de supervivencia sino que son decisiones que se hacen e involucran el hedonismo (a través del gusto, olfato y textura), el estado emocional (permanecer en un estado de ansiedad o el sentirse relajado forman parte de las decisiones que tomamos respecto a la alimentación), la situación que nos rodea (si estamos de celebración, si comemos mirando la televisión, con prisa, etc.), entre otros.
Por todo ello, es difícil centrar nuestro objetivo en contar calorías en un contexto como el que hemos nombrado ya que, son muchos los estudios que concluyen que las dietas restrictivas son muy complejas de seguir a largo plazo y el porcentaje de abandono es muy elevado.

«Las dietas restrictivas son muy complejas de seguir a largo plazo y el porcentaje de abandono es muy elevado»


Nos puedes explicar brevemente el estudio sobre calidad de la dieta y la microbiota intestinal 
Realizamos un estudio observacional con 200 individuos. En este trabajo concluimos que, a pesar de que existiera obesidad (que ya sabemos que se relaciona con más morbimortalidad), una dieta saludable y las poblaciones de microbiota intestinal que observamos cuando los sujetos seguían ese patrón nutricional eran más importantes. Vimos que estos factores (dieta+microbiota) producen un efecto preventivo de desarrollar enfermedades cardiovasculares y diabetes tipo 2, independientemente que los sujetos tuvieran obesidad. 
Se recomienda la restricción de carnes rojas y procesadas como fuente proteica para prevenir y tratar la diabetes ¿pero qué recomendaciones hay sobre el pescado?
Exactamente. En general, el consumo de carnes debería reducirse al máximo, prestando especial atención a carnes rojas y procesadas. Con el pescado no lo tenemos tan claro, ya que los estudios observacionales presentan datos contradictorios. Esto puede ser debido a que existe una gran diferencia entre el pescado blanco y el azul. De hecho, el pescado más graso, el azul, es el que ha demostrado tener un efecto protector contra ciertas enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2.
Un estudio reciente en el que participas ha demostrado que consumir sardinas 2 veces por semana reduce el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, ¿qué propiedades tiene este pescado para ayudar en la prevención de la diabetes tipo 2?
Elegimos la sardina para nuestro estudio porque es el pescado que contenía más ácidos grasos omega-3 y taurina. Y además de ser un pescado de tamaño pequeño, asequible y accesible que presenta las menores concentraciones de mercurio. 

«Elegimos la sardina para nuestro estudio porque es el pescado que contenía más ácidos grasos omega-3 y taurina»





Creemos que los efectos saludables que encontramos con el consumo de sardina 2 veces por semana durante un año son debidos a un conjunto de nutrientes muy presentes en este animal, como ya hemos dicho EPA y DHA (omega-3), el aminoácido, la taurina, pero también calcio, vitamina D, vitamina B12, entre otros. Estos nutrientes consumidos de forma aislada, como suplemento, no han podido demostrar los mismos efectos. Por ello creemos que es una sinergia entre todos los nutrientes.
Otro estudio en el que participas confirma las propiedades beneficiosas de la quinoa. ¿Cómo se hizo este estudio? ¿Qué beneficios posee y a qué nutrientes se deben?
Se realizó un estudio piloto en el que monitorizamos a los participantes durante un mes en su día a día habitual y, posteriormente, modificamos su dieta sustituyendo todos los cereales, harinas, tubérculos y legumbres por quinoa y sémola/harina de quinoa. Observamos que, a pesar de tener la misma dieta, con el único cambio de la procedencia de esos carbohidratos complejos que ya consumían, presentaban un patrón de variaciones de glucemia menores que su dieta habitual. Por ello, concluimos que incluir la quinoa y, sobre todo, utilizarla como sustituto de otros cereales, tubérculos u harinas comúnmente consumidos podría ser beneficioso para la población con riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
Referencias:
Díaz-Rizzolo DA.  Healthy dietary pattern and their corresponding gut microbiota profile are linked to a lower risk of type 2 diabetes, independent of the presence of obesity. Clin Nutr. 2019 Mar 4. pii: S0261-5614(19)30089-5. doi: 10.1016/j.clnu.2019.02.035
Gordillo-Bastidas, Díaz-Rizzolo D, Roura, Massanés and Gomis. Quinoa (Chenopodium quinoa Willd), Health Benefits: An Integrative Review Journal of Nutrition & Food Sciences from Nutritional Value to Potential


FUENTE: http://cienciasdelasalud.blogs.uoc.edu/perder-peso-con-dietas-cualitativas/



lunes, 17 de febrero de 2020

La opinión de la Ciencia acerca de las dietas


¿Qué dicen las investigaciones sobre las dietas?
¿Qué dicen las investigaciones sobre las dietas?




“Operación bikini” podría ser el lema para muchas personas ahora que se acerca el verano. Es el momento en el que acampan los productos de belleza en los mostradores de las farmacias para recuperar la figura y donde comienzan algunas conversaciones sobre dietas para comer de un modo más ligero y saludable.

Sin embargo, todos los que hayamos vivido una dieta sabemos que perder peso se puede convertir en un camino “cuesta arriba”. ¿Y por qué es tan difícil? Esta misma pregunta se la formuló Sandra Aamodt, una neurocientífica que también sufrió dichos procesos sin conseguir la bondad de la báscula. Como buena investigadora y más allá de calorías y alimentos prohibidos, Sandra puso foco en la importancia que el cerebro tiene para controlar el hambre y el gasto energético. De hecho, considera que el cerebro es el auténtico protagonista ya que actúa de un modo, del que nosotros ni tan siquiera somos conscientes. Según sus investigaciones, nuestro cerebro decide cuánto “debemos” pesar y si nos salimos de dicho rango, nos emite señales para regresar a él, ensalivando si hace falta para comer aún más.


¿Motivo? Nuestro cerebro tiene memoria histórica. Hemos pasado siglos sin poder acceder a los alimentos con facilidad. Por ello y en base a esta teoría, no tener comida en exceso se considera una amenaza peligrosa. El cerebro se encarga de erradicarlo emitiendo señales de alarma disfrazadas de múltiples modos… y este es uno de los motivos por los que una dieta es una carrera de obstáculos contra nosotros mismos o, mejor dicho, contra nuestro propio cerebro.

Pero hay más motivos que la huella histórica. Nuestro cuerpo funciona de un modo inteligente y preciso: si consumimos menos alimentos, nuestro organismo consume menos energía para mantener el equilibrio. Y si perdemos peso, el cerebro hará todo lo posible para volver al equilibrio que tenía registrado. Tal y como señala Sandra, después de una bajada de peso, el cerebro trabaja durante los siguientes siete años para recuperar lo perdido. Y si nos mantenemos durante una época con unos kilitos de más, puede decidir que ese es nuestro peso ideal. Así que, según la investigación de Sandra Aamodt, es paradójico como nosotros intentamos controlar a nuestro cuerpo cuando el cerebro toma sus propias decisiones sin que tengamos tanto margen de maniobra.

Traci Mann, de la universidad de Minnesota, es otra investigadora que ha corroborado con datos por qué no son siempre tan efectivas. Primero, analizó los datos estadísticos: en las últimas dos décadas han aumentado los problemas de obesidad, al tiempo que parece que se han incrementado los tipos de dietas. Segundo, analizó junto a su equipo el impacto de las dietas y parece que entre el 33 y 66 por ciento de las personas que se ponen a dieta, pasado un tiempo recuperan el peso anterior. Malas noticias.

Otro factor en el que se ha detenido la investigación para ver cómo influye en la pérdida o ganancia de peso ha sido el número de horas que dormimos. Pues bien, lo que demostró un estudio realizado por Andrea Spaeth y su equipo de la Universidad de Pennsylvania, en el que participaron 225 personas de entre 22 y 50 años, fue que dormir poco se relaciona con el aumento de peso.

¿Por qué? La respuesta seguramente suene muy lógica, si dormimos menos somos más propensos a aumentar la ingesta de calorías. Además, las cosas que comemos cuando tendríamos que estar durmiendo no suelen ser muy saludables… y si no, recordemos cuando teníamos que estudiar por la noche y nuestro paseo habitual era a la cocina y el frigorífico y no precisamente para hacernos un zumo de verduras y fruta.

Por tanto, mas allá del control que queramos ejercer sobre nuestro peso, las investigaciones nos aportan algunas otras claves que nos explican por qué las dietas no siempre funcionan, por muy bien que nos las vendan. Más allá de incorporar a nuestro cuerpo una alimentación sana, Sandra Aamodt propone que comamos con más consciencia, es decir, aprendamos a entender las señales de nuestro cuerpo: comamos cuando tengamos hambre, paremos cuando estemos llenos y, sobre todo, cuando estemos mal no lo paguemos con nuestro cuerpo. De este modo, vamos creando un nuevo hábito a nuestro cerebro. Quizá si ponemos esto en práctica y educamos a las nuevas generaciones en esta consciencia, nuestra relación con los alimentos sea más saludable, estaremos más a gusto con nuestro cuerpo y ganemos en calidad de vida.

Referencias
Intervención de Sandra Aamodt en TED en 2013






lunes, 10 de febrero de 2020

Sencillas medidas para fomentar el ejercicio físico el cual es muy importante para reducir peso


Consejos de ejercicios físicos en etiquetas de alimentos podría ayudar a reducir la obesidad
                
(CNN) — Las etiquetas de los alimentos que detallan cuánto ejercicio se necesita para quemar el contenido calórico de un producto podrían ayudar a combatir la obesidad, según investigadores del Reino Unido.


Las etiquetas de actividad física equivalente a calorías (PACE, por sus siglas en inglés) podrían mejorar las etiquetas que identifican solo las calorías y el contenido de nutrientes, según una nueva revisión científica.

Según el sistema propuesto, una pequeña barra de chocolate llevaría una etiqueta informando a los consumidores que tomaría 23 minutos corriendo o 46 minutos de caminata para quemar las 230 calorías que contiene.

La aplicación a gran escala de las etiquetas PACE podría, en promedio, reducir el consumo de calorías en hasta 200 calorías por persona a diario, según los investigadores, cuyo trabajo se publica en el Journal of Epidemiology and Community Health.

No obstante, se han planteado preocupaciones sobre el potencial impacto que tal etiquetado podría tener en las personas con trastornos alimenticios.

Amanda Daley, investigadora principal de la Universidad de Loughborough, dijo que las etiquetas PACE presentarían la información de una manera más accesible para los consumidores que las etiquetas existentes de contenido de calorías y nutrientes.

Ella le dijo a CNN que el sistema de etiquetado actual “no ha hecho gran diferencia en la obesidad en el Reino Unido”.
El equipo analizó datos de 14 estudios que examinaron la efectividad del etiquetado PACE para reducir el consumo de calorías.

Descubrieron que el etiquetado PACE es más efectivo que el no etiquetado, pero no fue más efectivo que el etiquetado de solo calorías.

Daley le dijo a CNN que el objetivo es agregar información de PACE a las etiquetas existentes, en lugar de reemplazarlas, para proporcionar al público más información.

Los investigadores advierten que el número de estudios incluidos en la revisión fue pequeño, y la mayoría se realizó en entornos controlados en lugar de ambientes reales, pero aún así concluyen que vale la pena probar el etiquetado PACE.

Una reducción de aproximadamente 100 calorías por día, combinada con un aumento sostenido de la actividad física, podría reducir las tasas de obesidad, según Daley.

Ella calificó la iniciativa PACE como una estrategia “realmente simple y directa”, y sugirió que podría usarse en empaques de alimentos y bebidas, etiquetas de supermercados y menús de restaurantes.

Preocupaciones sobre el trastorno alimenticio

Sin embargo, Nichola Ludlam-Raine, dietista registrada y portavoz de la Asociación Dietética Británica, señaló algunos problemas con las etiquetas PACE.

Ludlam-Raine dijo que PACE “podría ser extremadamente problemático” para aquellos con trastornos alimenticios, porque sugiere que los alimentos deben ser “ganados o quemados”.

También promueve la idea de que las calorías, en lugar de los nutrientes, son la consideración principal cuando se trata de alimentos, agregó.

“Recuerda, no puedes superar una mala dieta”, dijo Ludlam-Raine, explicando que hacer ejercicio no significa que puedas vivir del chocolate y las bebidas gaseosas.

Daley reconoció la preocupación, pero dijo que no había evidencia de que las etiquetas PACE causen trastornos alimenticios, y agregó: “Estamos interesados en la población en general”.

La Royal Society for Public Health (RSPH), una organización de profesionales de la salud en el Reino Unido, también defiende las etiquetas.

Duncan Stephenson, subdirector ejecutivo de RSPH, que recibió con beneplácito la investigación, dijo que “pequeños cambios” como el etiquetado PACE pueden “marcar una gran diferencia general en el consumo de calorías y, en última instancia, en el aumento de peso”.

Otros estudios también han sugerido que reducir las calorías podría traer beneficios para la salud.
Reducir 300 calorías condujo a una presión arterial más baja y niveles de colesterol malo (LDL), así como a una disminución del 24% en las concentraciones de triglicéridos, un tipo de grasa en la sangre, para los participantes en un estudio publicado en julio.



FUENTE:     https://cnnespanol.cnn.com/2019/12/11/consejos-de-ejercicios-fisicos-en-etiquetas-de-alimentos-podria-ayudar-a-reducir-la-obesidad/


    

martes, 4 de febrero de 2020

Comer demasiado deprisa es una actitud generalizada con consecuencias negativas para la salud



Una mujer degustando un plato de ensalada en un restaurante.
Una mujer degustando un plato de ensalada en un restaurante. Pixabay


Nutrición

Éste es el peligro desconocido de comer demasiado deprisa

Las personas que comen muy rápido tienen hasta un 115% más de posibilidades de desarrollar sobrepeso y obesidad, según un estudio.


No sé si somos del todo conscientes de cuánto tardamos en comer. Pensémoslo un momento: ¿cuántos minutos le dedicamos a la comida o a la cena? ¿Somos de los que comemos demasiado deprisa o por el contrario le dedicamos un tiempo suficientemente amplio, masticamos bien los alimentos, sabiendo en todo momento cuánta comida estamos ingiriendo? Si consideras que estás en el primer grupo quizá deberías cambiar el hábito. No es una cuestión de tiempo sino de salud.

Comer deprisa no es nada bueno para nuestra digestión pero tampoco lo es para nuestra salud en general.

Y además, algo (muy) importante que seguro que nos
interesa: comer deprisa no nos ayudará -en absoluto- a
adelgazar. Tal y como afirma a EL ESPAÑOL Eva M. Bautista, nutricionista de Blua de Sanitas, "comer muy deprisa conlleva tener o hacer peores digestiones y además puede realizarse una peor absorción de los nutrientes que ingerimos". Pero además, existe algo fundamental, y es que al comer deprisa, solemos ingerir más cantidad de la necesaria. Y esto puede dar lugar "al sobrepeso o a la obesidad si no se realiza una compensación adecuada a través del ejercicio", añade.

De este modo y según explica el equipo de nutricionistas del Hospital Universitario Sanitas (Madrid) en su web oficial, "algunas investigaciones han llegado a demostrar que las personas que comen muy rápido tienen hasta un 115% más de probabilidades de desarrollar sobrepeso y obesidad". Y esto se debe en gran medida, al control que las hormonas ejercen sobre el apetito y la sensación de saciedad: las personas que comen despacio mantienen durante más tiempo esa sensación de saciedad, consumen mucho menos calorías que las personas que comen deprisa y tienen, además, un peso más estable. Al comer despacio conseguiremos esa sensación de saciedad en el mismo momento, pero con una gran diferencia: habiendo consumido muchas menos calorías.

Al iniciarse la ingestión de alimentos, explica Bautista, "una parte de nuestro cerebro desencadena unas señales que indican el momento de saciedad. Si comemos deprisa, no da tiempo a que llegue esa señal y por tanto consumimos más alimentos de los que necesitamos". Comer despacio, tal y como explican los expertos, se ha asociado a un aumento de las hormonas que intervienen en la regulación del hambre y que por tanto, nos hacen sentir saciados o con la sensación de saciedad que nos hace parar de comer y quedarnos bien.

Además, comer rápido no solo hará que tomemos más cantidad sino que cuando tomemos productos procesados (con gran cantidad de grasas y azúcares) estaremos tomando mucha más cantidad (que si comiésemos despacio). Esto no sólo ayudará a que aumente nuestro peso, sino que puede aumentar también nuestros niveles de glucemia.

Comer despacio no sólo hace que comamos menos y lleguemos antes a ese nivel de saciedad sino que, según añaden los profesionales, hace que disfrutemos más de la comida, que favorezca nuestro tránsito intestinal, que mantengamos a raya el estrés y la ansiedad y que mejore la absorción de los nutrientes que tomamos. "Comer despacio mejora la digestión, ya que trituramos más los alimentos en la boca y evitaremos un esfuerzo mayor por parte de los órganos implicados", afirma Bautista. Además, los nutricionistas de Sanitas informan que "masticar bien puede ayudarnos a quemar hasta 10 calorías más por cada 300 calorías ingeridas".

Consejos para comer despacio

Para ser más conscientes de lo que comemos y masticar bien los alimentos, "lo más importante es masticar el alimento hasta dejarlo en consistencia de puré antes de tragarlo. El tiempo que se estima para ello va a depender de cada persona, del tipo y de la cantidad del alimento que hemos introducido en la boca", explica Bautista.

Algo que puede ayudar a masticar más despacio es "soltar los cubiertos entre bocado y bocado y contar hasta 20-30 en cada uno de ellos", aconseja. Sin embargo, no hará falta contar sino que basta con ver, como hemos dicho, cómo está la consistencia del alimento antes de ingerirlo. De este modo, comer despacio ayudará también al mantenimiento de las encías y de toda la musculatura de la mandíbula.

Otros consejos que ofrecen los especialistas en nutrición para ayudarnos a comer más despacio son: no esperar a sentir demasiada hambre cuando vayamos a comer; preparar con cuidado y dedicación la mesa; si comemos en el trabajo es aconsejarle hacerlo en un sitio apartado que nos impida estar pendientes del trabajo, pues la hora de la comida tiene que ser un momento de descanso. Y también puede ayudarnos apartar el móvil y la televisión de nosotros mientras comemos. "Hay que generar un entorno agradable para tomar conciencia de la comida, evitando distracciones como el móvil o la TV", finaliza Bautista.

FUENTE: https://www.elespanol.com/ciencia/nutricion/20200120/peligro-desconocido-comer-demasiado-deprisa/460454906_0.html